Nueva Zelanda, tras los pasos de la nueva Tierra Media

Cuando a finales del siglo pasado Peter Jackson se echó a la espalda la responsabilidad de preparar una adaptación sobre la obra cumbre de la fantasía épica medieval, El Señor de los Anillos, pocos pensaron que tendría éxito en su empresa. El neozelandés, sin embargo, consiguió un trabajo espectacular que ha marcado para muchos una nueva era en el cine, gracias a las técnicas de efectos especiales utilizadas para sus películas, y a su fidelidad al texto del maestro Tolkien. Una de las cosas que más sorprendieron al público es que la trilogia entera se rodó por completo en Nueva Zelanda. 

El director quiso aprovechar los paisajes increíbles y variados de su propia tierra natal para dar vida a ese universo mágico de la Tierra Media, desde los yermos campos de Mondor hasta las llanuras inmensas de Rohan, pasando por la alegre Comarca. Su empeño no solo le hizo salirse con la suya a la hora de representar a la perfección aquellos paisajes que los lectores habían imaginado mil veces al leer los libros de la saga, sino que sirvió de publicidad perfecta para atraer turistas a Nueva Zelanda.

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Se trata de un país formado por dos islas principales, la isla Norte y la isla Sur, además de otras muchas más pequeñas. La variedad de paisajes naturales es uno de sus puntos más importantes. La capital, Wellington, es una ciudad muy interesante en cuanto a monumentos y sobre todo, en cuanto a todo lo que ofrece. La propia historia del país, intercalando la influencia británica con las costumbres maoríes autóctonas, también es un gran motivo para visitar Nueva Zelanda.

El pero es su ubicación, literalmente en el otro lado del mundo, al sureste de Australia y solo accesible a través de vuelos de larga duración. Sin embargo, el poder conocer de primera mano los paisajes increíbles donde se rodó una de las sagas más premiadas de la historia del cine, poder pasear por la recreación de Hobbiton que todavía se mantiene tal cual, o cnocer a fondo la historia de un país tan interesante, bien vale la pena el esfuerzo.

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Tallinn, el encanto y la magia del Báltico en la capital de Estonia

Los países Bálticos, casi arrinconados en la parte noreste del continente europeo, parecen pasar desapercibidos para buena parte de los turistas de nuestro país. Sin embargo, todo aquel que los ha visitado ha vuelto maravillado, especial aquellos que han probado la magia infinita que nos ofrece Tallinn, capital de Estonia, situada al norte de este país, en la otra orilla de Helsinki, frente al Báltico, y no demasiado lejos de otra gran capital, Estocolmo.

Tallinn, sin embargo, es diferente al resto, porque ha sabido conservar ese aire medieval y casi mágico que ha envuelto a esta ciudad desde hace siglos. Su casco antiguo es uno de los mejor conservados de todo el continente, y sus imponentes monumentos medievales se erigen orgullosos en una ciudad que muestra su respeto por el pasado, sin quedarse anclada en él, ni mucho menos. Tallinn es una ciudad moderna, pero con un aire añejo irrenunciable.

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Empezando por la plaza del Ayuntamiento, centro neurálgico de Tallinn como pasa con la gran mayoría de ciudades europeas. El propio edificio donde está el ayuntamiento data de principios del siglo XV, y llama la atención por su imponente torre y por los dragones a modo de gárgolas. Tampoco debemos pasar por alto la espectacular Puerta Viru, una de las más notorias que encontramos al rodear la muralla del casco antiguo de la ciudad.

El pasaje de Santa Catalina nos transportará aun más en el tiempo, como si de un túnel que nos llevara directamente el Medievo se tratase. Desde el mirador Patkuli podremos avistar toda la ciudad en su magnificencia, con unas vistas privilegiadas, y por supuesto, tampoco debemos olvidarnos de la inmensa catedral Nevski, de estilo ortodoxo y que recuerda a las de Rusia. Por último, la torre del campanario de la iglesia de San Olav ofrece también unas vistas maravillosas e inolvidables que bien pueden servir como broche de oro para nuestra visita a la capital estonia.

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Hornos de Segura, un balcón natural a las estrellas

Oteando el bellísimo embalse del Tranco desde una colina, en pleno centro del Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas, en la provincia de Jaén, se erige orgulloso el pueblo de Hornos de Segura, con su arquitectura caótica, sus cuestas interminables y su impresionante castillo dominándolo todo. Guarda el aspecto casi idéntico desde hace cientos de años, cuando servía como posición defensiva frente a los invasores, aunque la modernidad poco a poco llega también al municipio.

Hornos se ha convertido en un referente turístico en la zona, no solo por que se encuentra en pleno centro de un parque enorme con numerosas rutas de senderismo, y con un embalse al lado en el que se pueden practicar deportes como el kayak o incluso el rafting. La principal virtud de Hornos es su imponente castillo, que domina todo el horizonte. De origen  musulman, ha sido rehabilitado en numerosas ocasiones, la última muy recientemente, convirtiendo parte de esta fortaleza es un cosmolarium.

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Y es que la posición del castillo es privilegiada para alzar la vista y divisar el firmamento, lleno de estrellas gracias a la ausencia de contaminación lumínica cercana. En el cosmolarium del castillo de Hornos encontraremos proyecciones, vídeos, maquetas y curiosidades sobre los planetas de nuestra galaxia, así como la posibilidad de realizar visitas guiadas que incluyen la observación de las estrellas, ya en plena noche, cuando el pueblo se envuelve de un encanto natural exquisito.

Buena comida, unos parajes increíbles en sus alrededores y un castillo digno de visitar. Con todo eso, uno ya debería verse convencido para pasarse por Hornos. Si lo hace, no se arrepentirá, pues el pueblo tiene esa magia especial que todavía conservan aquellos lugares de sierra que se resisten a convertirse en emporios turísticos. El turismo rural es importante en Hornos, pero siempre sostenible, en armonía con la tranquilidad que se respira en la zona.

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Cabrera, el paraíso balear casi virgen que empieza a abrirse al mundo

Aunque la mayoría de la gente no tenga demasiado en cuenta las islas baleares más allá de Ibiza y Mallorca, existen cinco en total, todas ellas con algo interesante que ofrecer. La tranquilidad de Formentera, el turismo menos masificado en Menorca y sobre todo la naturaleza de Cabrera, el verdadero tesoro casi virgen de las baleares, una isla que es enteramente un parque natural en donde se puede disfrutar de la grandiosa magnificencia del Mediterráneo.

Hace poco que se puede pernoctar en la isla y los visitantes que lo han hecho han quedado absolutamente fascinados por la naturaleza y el paisaje que se encuentran allí. Sus aguas cristalinas, sus senderos a través de la maleza y los árboles, sus caminatas… Todo ello en una superficie de poco más de 15 km2, que han podido mantenerse gracias a la presencia militar durante casi un siglo en la isla, que todavía se mantiene para determinadas maniobras especiales.

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Al ser un lugar protegido, Cabrera recibe solo unos pocos visitantes cada día. La mejor forma de llegar es a través de los cruceros y viajes especiales que se realizan desde el sur de Mallorca, la isla más cercana. Es un viaje corto y en el se puede disfrutar del mar en todo su esplendor. Una vez ya en la isla, hay muchísimas opciones, aunque el alojamiento todavía es limitado, puesto a que dentro de un Parque Nacional no se puede construir de manera desaforada.

Además de las caminatas, las playas y toda la naturaleza, Cabrera es un sitio perfecto para ver a las bandadas de pájaros emigrando según la época del año, una experiencia increíble. Si quieres disfrutar del lado oculto de las Islas Baleares, de un lugar tranquilo donde reposar en plena naturaleza, no lo dudes, Cabrera es lo que estás buscando.

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