Toledo, una histórica ciudad Patrimonio de la Humanidad

A pocos kilómetros al sur de Madrid, casi escondida entre las mesetas ibéricas, se encuentra la histórica ciudad de Toledo, el sitio donde un día las tres religiones occidentales convivieron en armonía, compartiendo conocimientos que convirtieron a esta entonces pequeña ciudad en una de las capitales más importantes en lo que al arte y al saber se refiere. Hoy en día, Toledo conserva todo ese legado, al que se han sumado nuevas y emocionantes visitas.

La historia ha dejado en Toledo su marca en forma de monumentos, pero también de tradiciones. Podemos comprobarlo en su legado visigodo y romano, pero también en su barrio judío, así como en sus iglesias católicas. Sus calles empedradas y su plano poco uniforme hacen que perderse en esta ciudad sea toda una experiencia, ya sea de día o de noche, dejándonos embriagar por todos los encantos que convirtieron a Toledo en Patrimonio de la Humanidad, según la propia UNESCO, hace ya más de treinta años.

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Existen en Toledo muchos museos y sitios especiales donde la Historia de la ciudad se refleja a través de fotografías, de legajos e incluso de armas. Pero la esencia, el alma de Toledo, es dejarse llevar por el murmullo de sus calles, encontrar sus rincones más perdidos pero también los más hermosos e íntimos. Y por supuesto, parar para disfrutar de la gastronomía de la ciudad, con platos exquisitos como la perdiz a la toledana, el arroz a la cazadora o la sopa de ajo, todo ello regado con algunos vinos exquisitos de la región.

Una ciudad para descubrirla poco a poco y enamorarse de ella sin remedio. Un lugar perdido en el que la Historia se nos desvela a la vuelta de cada rincón, de cada callejón. Toledo posee una magia muy especial que fascina a todo el que la visita, y el invierno es un buen momento, como cualquier otro, para pasarnos por allí.

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Vive la entrada al nuevo año con fuegos artificiales en Edimburgo

Edimburgo, capital de Escocia, es una ciudad mágica en la que podemos encontrarnos de frente con fantasmales espectros y misterios oscuros, pero también con la acogedora bienvenida que los escoceses nos darán en cada pub, con una pinta de buena cerveza por delante. Disfrutar de esta ciudad siempre es un verdadero placer, pero se hace mucho más especial en esta época del año, donde a pesar del frío, todos en la ciudad se echan a la calle para celebrar la última noche del año en el Hogmanay

Habíamos dicho que se celebra la última noche del año, y aunque es evidente que la Nochevieja es el centro de las celebraciones, lo cierto es que estas se extienden a lo largo de cuatro días y cuatro noches donde la magia de la ciudad se hace patente. Desfiles con antorchas, noches de típicas ceilidh con música y baile tradicional, también espectáculos callejeros, fuegos artificiales y una multitudinaria fiesta que reúne cada año a más de 100.000 personas llegadas desde todos los rincones del planeta.

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La tradición y la modernidad se unen en esta celebración para dar la entrada al nuevo año por la puerta grande. Además, Edimburgo quiere que todo el que venga participe en sus celebraciones de manera activa, por eso se puede formar parte de cada actividad, entrando por ejemplo en el desfile de antorchas comprando una inscripción por grupo o familia, o también participar en la multitudinaria Street Party donde varios grupos tocan a lo largo de toda la ciudad, disfrutando al final de unos fuegos artificiales maravillosos para dar la entrada al 2017. 

Todo ello con ese sabor único y especial que ofrece Edimburgo como ciudad entre lo moderno y lo medieval, pudiendo disfrutar de todas las maravillosas opciones que la ciudad nos ofrece en cualquier época del año e incluso, con un poco de suerte, viendo como el castillo está nevado si hace el suficiente frío. Ir bien abrigado es imprescindible, pero seguro que a base de cantar, bailar y beber un poco de whisky logras entrar en calor.

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Una deliciosa ruta por los nuevos gastrohoteles de La Rioja

Para muchos viajeros, la gastronomía local suele ser uno de los factores determinantes a la hora de viajar a tal o cual destino, habiendo conocido anteriormente opiniones de lo bien (o mal) que se come en determinados sitios. Desde luego, la Rioja puede presumir de ser una de las regiones con más solera en cuanto a gastronomía, no solo por sus excelentes vinos, sino también por sus platos y recetas únicas y exquisitas, que han alumbrado un nuevo concepto de establecimiento hotelero: los gastrohoteles.

Se trata de una serie de alojamientos de la región que han puesto especial énfasis en la preparación de platos de gastronomía local y autóctona, para que la experiencia de descanso y turismo de los visitantes sea completa también, llenando sus estómagos de buena comida. Son en total once establecimientos repartidos por toda la región, que van desde hoteles muy grandes de cadenas importantes hasta caseríos rehabilitados con pocas habitaciones pero un servicio muy familiar.

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Lo que de verdad hace especial a estos alojamientos es el esmero que ponen en ofrecer a los visitantes unos menús de cocina autóctona con los más exquisitos platos que podamos imaginar. desde carnes deliciosas hasta el mejor pescado y marisco que llega desde el Cantábrico. Y todo ello, por supuesto, regado con los mejores vinos de la región, en una experiencia que dejará maravillados incluso a los paladares más exigentes, y por unos precios increíbles que no están muy por encima de lo que se suele encontrar en cualquiera de esos alojamientos en otros sitios de España.

Para conocer bien esta tierra, La Rioja, llena de lugares monumentales y de hermosos parajes naturales, nada mejor que alojarse en uno de estos gastrohoteles y disfrutar no solo del descanso, sino también del sabor de la mejor gastronomía de La Rioja, en una experiencia inolvidable que seguramente queramos repetir cada año, para conocer del primero al último de estos establecimientos.

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Gante, la joya universitaria de Bélgica

Bélgica es uno de esos países europeos que apenas llaman la atención salvo cuando su capital, Bruselas, aparece en las noticias sobre el Parlamento Europeo. Sin embargo, es un país con muchísimo encanto, con unas ciudades maravillosas que da gusto ir conociendo poco a poco. Ya hemos hablado de Brujas, de Amberes y de la propia Bruselas, pero todavía nos queda la joya universitaria, la preciosa Gante, un lugar encantador donde cualquiera puede encontrar lo que busca.

Si eres joven y quieres diversión, Gante te ofrece una vibrante vida nocturna en la que podrás pasarlo en grande junto a los más de 50.000 universitarios que conforman una quinta parte del total de su población. Bares, pubs y discotecas de todos los estilos para que nunca te aburras en una de las ciudades más animadas de toda Bélgica.

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Si lo que buscas es hacer turismo de monumentos y conocer mejor la historia de la ciudad, puedes visitar su centro histórico medieval, darte una vuelta por su pequeña pero encantadora red de canales, y disfrutar de su castillo, de la Iglesia de San Nicolás y la plaza Kornemarkt, siempre bulliciosa, o de su impresionante catedral, una de las mejores de toda Bélgica. También puedes subir al Belfort, un imponente campanario de más de 30 metros, desde donde tendrás las mejores vistas de toda la ciudad.

Gante era una ciudad industrial y no demasiado cuidada hasta hace unas décadas, cuando sus gobernantes decidieron aprovechar la gran oleada de turismo que estaba llegando a la vecina Brujas para convertirse también en una alternativa turística. La ciudad se adecentó, se limpiaron los edificios y se construyeron plazas y parques para dar una visión mucho más limpia a los turistas. Ubicada a poco más de media hora de Brujas y Bruselas, a medio camino entre ambas, Gante es una de esas ciudades semidesconocidas por las que te encantará pasar.

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